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martes, 23 de agosto de 2011

Las prioridades de un equipo de Campeonato

Un gran equipo no es solo un grupo de personas con un objetivo en común. Es un grupo comprometido a trabajar por una meta común en la que se pondrán a prueba y se llevarán al máximo las habilidades únicas de cada persona.

Estás son las prioridades de un equipo:
La misión sobre todo.
Las necesidades del equipo, en segundo lugar.
Las necesidades del individuo, en tercer lugar.

En mi experiencia personal he observado que en varias organizaciones, las prioridades están
completamente al revés. Descubrí que muchos quieres saber “¿Qué hay para mí?” en primer lugar. Una vez seguros de recibir eso, tal vez ayuden a alguien más en el equipo, mientras no afecte si tiempo, dinero o esfuerzo. Y luego apoyan la misión.

Desafortunadamente, la razón por la que muchos equipos se estancan en la mediocridad es que, sin importar lo que diga la gente (¡porque todos pueden contar una buena historia!), la misión parece quedarse hasta al final. Los intereses personales predominan y el líder, propietario del negocio o emprendedor, se encuentra luchando solo y esperando recibir ayuda en algún momento. En realidad, la mayoría de la gente no cree que si se cuida la misión, el resto se cuida solo.

Cuando se trabaja enfocado en la misión del equipo se llega a un grado de compromiso máximo, donde se trabaja veinticuatro horas diarias, durante siete días a la semana, pero las consideraciones monetarias y personales se dejan a un lado por el bien de la misión y el equipo. ¿Adivina qué? En este escenario todos ganan mucho. En el otro, hay muchas excusas, pero pocos resultados.

Para demostrar lo anterior quiero relatar un ejemplo de un empresario cuyo caso es digno de ejemplo. Este empresario tenia una empresa de fletes en California, donde tenía gente trabajando contra reloj. Había un horario límite para cargar los camiones: si no estaban listos para salir a las 3:00 a.m. no entregarían a tiempo en la Costa Este. Hubo muchas ocasiones en que su personal quien cargaba los camiones, se atrasaba debido a tantos paquetes.

Para las 11 p.m. se veía que no se cumpliría la meta. Así que en un gesto de verdadero equipo, el jefe del personal de noche llamaba a la gente del turno de día y les pedía ayuda, aunque ellos ya hubieran cumplido su turno completo ese día.

Nadie se quejaba. El personal de día se encargaba del papeleo y el trabajo administrativo para que el personal nocturno pudiera concentrarse en cargar los camiones y mandarlos a tiempo. Los camiones salían a las 2:45 a.m. y la misión se cumplía. Todos chocaban las manos, algunos iban a desayunar y otros regresaban a dormir. No era una labor que se tuviera que hacer seguido, pero todos se entusiasmaban y brincaban cuando lo hacían. Nadie pedía tiempos extra o favores especiales. La misión era primero, los compañeros segundo y uno mismo en tercero. Sucedió porque el equipo tenía una regla en su Código de Honor que decía: “No abandones nunca a un compañero que necesita ayuda”. Gracias a esa regla, nadie se sintió sin apoyo ni se quedó atrás.

La misión de la empresa era cargar esos camiones y mandarlos a tiempo, pero lo más importante es que, al intentar cumplir la misión, también se cumplían las necesidades del equipo o, en este caso, del personal nocturno. Nadie se sintió angustiado o sin apoyo, porque el trabajo se hizo.

Lo más relevante es reconocer que aunque uno quiera jugar en un equipo no significa que puede hacerlo. Así, ¿cómo determinas quién deberá formar parte de tu equipo?

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